Armando

Todas las mañanas, Armando sube al metro en San Blas cargado de grandes bolsas negras. Algunos creen que lleva basura. Dentro viaja Buzz Lightyear.

Media hora después llega al centro y se cambia. Camina por la Puerta del Sol. No habla de «ponerse un disfraz»: para él, entrar en un personaje es convertirse en artista. No puede quedarse quieto demasiado tiempo: moverse es buscarse la vida, pero también evitar problemas con la policía. Ya hacía animaciones en Perú antes de venir a España a probar suerte. Allí encarga sus trajes a medida y exige que sean de máxima calidad, para que se parezcan de verdad al personaje. «Habrá muchos Buzz —dice—, pero ninguno igual que este».

Vive de las propinas de quienes se fotografían con él. Algunos se marchan sin dejar nada; otros le alegran el día con un gesto inesperado. Está orgulloso de ganarse la vida con su trabajo y de llevar comida a la mesa de sus hijos, como le enseñó su madre.

Pero lo que más le gusta no cabe en una bolsa ni se cuenta en monedas: ver cómo alguien que llega cargado de problemas se ríe al verlo. «Robar una sonrisa» le da fuerzas para continuar. Sostiene que los turistas bajan al centro no solamente para ver El Oso y El Magroño, el Kilómetro Cero o el Caballo, sino también para ver los muñecos que traen alegría a Madrid.

Cuando se quita la careta, vuelve a ser uno más entre la multitud.

ARMANDO

E.01 - TRAILER